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  • Isabel Victoria Gaitán Rodríguez

Fashion law

Es bien conocido por muchos que la industria de la moda es uno de los sectores de la economía que más dinero mueve anualmente en varias latitudes del mundo. Países como Francia, Italia o España permanecen como grandes centros de negocios en gran medida gracias al negocio de la moda, luego del turismo o a la par de este. Y es apenas normal que eso sea así teniendo en cuenta que es allí donde se concentran las grandes marcas de moda, no solo de lujo sino, incluso, de fast fashion.


En un país como Colombia, en donde la moda sigue abriéndose camino a pesar de tener al 2020 un desarrollo importante, representa alrededor del 3 % del PIB nacional. Esto es un indicador de que, aún en un país que no se sostiene de la moda, resulta ser un negocio absolutamente rentable y de exportación. Talentosos diseñadores como Silvia Tcherassi, Johana Ortiz, Esteban Cortázar, entre otros grandes exponentes de la moda en Colombia, han sido los encargados de dar a conocer a Colombia dentro del mapa de la moda en el mundo.


Sin duda, la industria textil colombiana ha sido un cauce importante por donde el diseño ha podido consolidarse tanto a nivel interno como internacionalmente, gracias a la producción de textiles de excelente calidad que han podido ser muy bien reconocidos en ambos entornos y, como no, ser la materia prima del diseño de moda. Sin embargo, con los años el espectro ha ido ampliándose cada vez más y hoy podemos ver que el contexto comercial de la moda en Colombia no solo abarca el sector textil, sino que incluye la marroquinería, el calzado, la joyería, la artesanía y la cosmética. Incluso, ya podemos incluir -como en otros lugares del mundo- una porción del sector servicios, que se centra en la consultoría de marca, mercadeo y comunicación de moda, así como las labores de personal shopper, producción de eventos de moda o diseño de vitrinas, entre otros.


No podemos olvidar, tampoco, que el mundo digital ha sido una herramienta clave para el desarrollo de la industria de la moda y más aún en plena era pandémica en donde las redes sociales reemplazaron las tiendas y las pasarelas, y los influenciadores digitales a las celebridades embajadores de marca. Para el 2020 el evento más grande de moda del país, ColombiaModa, se realizó por primera vez de manera digital, cosa que logró democratizar ese espacio tan hermético y ayudó a visualizar cambios necesarios dentro de la industria.


Mientras todo esto fue ocurriendo en Colombia y el negocio de la moda alcanzó varios hitos, una década atrás en EE.UU ya se había iniciado el matrimonio entre la moda y el derecho: el fashion law. Conscientes del permanente compromiso que tiene el derecho con el ser humano y su realidad, los abogados involucrados en el sector moda buscaron crear una verdadera rama del derecho cuyo propósito fuera darle respuesta a las necesidades jurídicas específicas que se encuentran en la industria de la moda. Y no como una conjugación de asuntos jurídicos que pudieran aplicarse a la moda residualmente o analógicamente, sino como una práctica que conozca la industria desde adentro para poder aportar soluciones integrales y especializadas.


Esta es la respuesta al hecho de que en moda todas las relaciones que pueden darse son muy diversas y todas con un impacto jurídico importante a corto, mediano y largo plazo. Solo el ejemplo de Colombia resulta ser un escenario de convergencia de muchos aspectos y actores que requieren una acción desde el derecho que entienda las particularidades de este negocio: derechos de propiedad intelectual, derecho de autor, derecho laboral, ambiental, tributario, seguros, protección al consumidor, contratos atípicos, la lucha contra las falsificaciones y el contrabando, y mucha más tela por cortar.


Sin duda, una rama tan especializada significa muchos desafíos para el abogado e incluso derribar algunas prácticas que las escuelas de derecho continentales han enseñado por siglos. Sin embargo, en el mundo de hoy se hace necesario que los profesionales del derecho, como ya sucede en otras disciplinas, sean cada día más técnicos en sus áreas de trabajo. Que los abogados no teman explotar su lado creativo, combinando el derecho con la moda, y los creativos confíen en los fashion lawyers.

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